CUANDO LA CÁMARA VALE MAS QUE EL CONOCIMIENTO.

Después de todo el circo que se armó con Florencia Peña y una fake news que muchos compraron sin pensarlo dos veces, vale la pena mirar para casa. En la electrónica también pasa. Cada vez se le da más lugar a lo que vende rápido que a lo que realmente aporta.

Vivimos una época rara. Parece que el mérito ya no pasa por lo que sabés, sino por cuánto te ven. La cámara se convirtió en un atajo: te da visibilidad, te da alcance y hasta te da autoridad. El problema es cuando empezamos a creer que ser conocido es lo mismo que estar preparado. Ahí es donde se mezclan los roles y cualquiera termina dando cátedra sobre temas que desconoce. Mientras algunos estudian, trabajan y construyen durante años, otros llegan por la foto, la pose y el algoritmo. Y en ese juego, muchas veces el conocimiento queda fuera de cuadro.

En muchos eventos parece importar más quién sale lindo en una foto o quién suma seguidores que la preparación, el recorrido o el conocimiento de la cultura. Mientras tanto, hay DJs, productores, comunicadores y trabajadores de la escena que llevan años remándola y quedan en segundo plano porque no encajan en la imagen que hoy se busca mostrar.  

La electrónica nació de la música, de la cultura y de la pasión por una escena. No de los números, las poses o las tendencias del momento. Cuando se prioriza la imagen por encima del contenido, el riesgo es que terminemos consumiendo personajes en lugar de cultura.

Al final, la cámara puede hacerte famoso, pero no te hace capaz. Y cuando se terminan las luces, los filtros y las poses, queda en evidencia quién sabe de lo que habla y quién solo aprendió a mirar a la cámara.

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